A veces, la rutina se siente como una jaula. Despertar, el café de siempre, el mismo trayecto, las mismas tareas, el mismo cansancio. Es fácil pensar que Dios solo se manifiesta en los "grandes momentos" —el milagro inesperado, la boda, el éxito profesional— mientras sentimos que nuestra vida diaria es solo "relleno".
Sin embargo, hay una belleza profunda en la constancia. Imagina por un momento a un artesano. Sus manos repiten el mismo movimiento miles de veces. Para el observador, es aburrido; para el artesano, cada movimiento es una oración que da forma a una obra maestra.
La Biblia nos dice en Colosenses 3:23: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres".
Este versículo cambia las reglas del juego. Nos dice que tu escritorio, tu cocina, el volante de tu auto o tu lugar de trabajo no son solo sitios de tránsito; son altares. Cuando haces tu trabajo con excelencia, cuando respondes con amabilidad a pesar del cansancio o cuando cuidas de los tuyos con paciencia, estás adorando. El propósito no es un destino al que llegarás algún día; el propósito es la fidelidad con la que caminas hoy.
Dios no está esperando a que salgas de tu rutina para encontrarse contigo; Él está dentro de ella, observando cómo cuidas lo poco para confiarte lo mucho.
El Reto de Hoy: Hoy, antes de empezar esa tarea que te parece aburrida o repetitiva, di en silencio: "Señor, esto es para ti". Nota cómo cambia tu actitud cuando dejas de trabajar para un jefe o para un sueldo, y empiezas a trabajar para la Eternidad.
Subscribe by Email
Follow Updates Articles from This Blog via Email

No Comments